Cuando el hambre tiene algo que decirte
Hace pocos días se ha publicado un documental muy especial en el que he tenido la oportunidad de participar, y en él hablamos de algo que veo constantemente en consulta y que también he experimentado en mí misma en algunos momentos de mi vida: el hambre emocional.
Porque muchas veces no comemos por hambre.
Comemos porque estamos cansadas.
Porque necesitamos parar.
Porque el día ha sido demasiado.
Porque no sabemos muy bien qué nos pasa, pero sentimos un vacío… y la comida parece, por un momento, calmarlo.
Estoy convencida que tú también te has sentido así alguna vez.
¿Qué es realmente el hambre emocional?
El hambre emocional no es falta de fuerza de voluntad. No es descontrol. Y tampoco es un problema que haya que eliminar.
Es, en realidad, una forma de gestionar lo que sentimos. Es nuestro sistema nervioso pidiendo calma y regulación.
A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo (desde bien pequeñas y muchas veces sin darnos cuenta) que la comida puede ser una vía rápida para calmarnos, distraernos o darnos placer. Pensad, cuando somos bebés o recién nacidos y lloramos, nuestra madre se nos pone al pecho, nos arrulla, nos canta… y nos calma.
A medida que vamos creciendo, también nos encontramos con más situaciones que vinculan el comer o disfrutar de un dulce después de un disgusto o un enfado.
Cuando somos adultas, viviendo en nuestra sociedad actual, donde vamos rápido, nos exigimos mucho y donde pocas veces nos paramos a escucharnos de verdad, usar la comida para calmarnos es un recurso fácil y habitual. Es más, lo hacemos sin pensar.
El problema no es tener hambre emocional. El problema es no entender qué hay detrás e intentar controlarlo con más exigencia sobre nosotras mismas.
Esa hambre viene a darnos un mensaje, sin embargo, muchas veces no estamos atentas o preparadas para escucharlo.
Hambre física vs hambre emocional
Aprender a diferenciarlas te ayudará a conocerte mejor.
El hambre física:
- Aparece poco a poco.
- Puedes esperar un poco antes de comer.
- Te apetece comer, pero no algo concreto.
- Está abierta a todo tipo de alimentos y opciones saludables.
- Cuando comes, te sientes saciada.
- No te hace sentir culpa.
El hambre emocional:
- Aparece de forma repentina.
- Sientes urgencia por comer.
- Suele venir con antojos específicos: Productos cómodos, rápidos, calóricos, dulces, salados, crujientes, con grasas… Habitualmente bollería, snacks, palitos, tortitas, chocolate…
- Aunque comas, no llegas a saciarte.
- Muchas veces te hace sentir remordimientos.
Detrás del hambre emocional casi nunca hay solo comida.
Muchas veces hay:
- Cansancio acumulado y piloto automático activado
- Estrés y sobrecarga mental
- Falta de descanso real
- Exigencia constante y perfeccionismo
- Necesidad de desconectar para reconectar
- Falta de espacios para ti
- Decisiones complejas que no acabas de tomar
- Situaciones que te desagradan y te cuesta gestionar
Y aquí viene algo importante: si tu vida no te está sosteniendo, la comida intenta hacerlo como puede. No porque sea la solución, sino porque es lo que tienes más a mano.
No se trata de hacerlo perfecto (Recuerda que somos Saludablemente Imperfectas)
Cuando empezamos a darnos cuenta de esto, es fácil caer en otra trampa: querer “dejar de comer emocionalmente”.
Controlarte más. Exigirte más. Hacerlo mejor. Pero desde ahí, lo único que hacemos es añadir más presión.
El objetivo no es dejar de comer emocionalmente de un día para otro. El objetivo es empezar a escucharte antes de llegar a ese punto. Y, poco a poco, darte otras formas de sostenerte.
¿Qué puedes hacer en esos momentos?
No necesitas hacerlo perfecto. Solo empezar a introducir pequeños cambios:
- Haz una pausa de un minuto antes de comer
- Pregúntate: ¿qué necesito realmente ahora?
- Intenta poner nombre a lo que sientes (aunque no sea exacto)
- Valida ese estado sin juzgarte
- Y, si puedes, date otra opción además de la comida
-
- A veces será descansar.
- Otras veces será salir a dar un paseo.
- O simplemente parar un momento y respirar.
- Si finalmente decides comer algo, lo que sea, lo estarás haciendo de manera consciente. Eso te permitirá elegir mejor y alejar a la culpa. Y también estará bien.
Otras cosas a tener en cuenta y que pueden ayudar son:
- Intenta que tus ingestas durante el día sean densas nutricionalmente y saciantes.
- Mantente hidratada. A veces confundimos la sensación de sed con la de hambre y comemos algo cuando en realidad necesitamos beber.
- No seas muy exigente contigo o apliques restricciones estrictas. La flexibilidad te aportará calma y mejores decisiones.
- Hay otros factores de nuestra fisiología que tienen mucho que ver. El estrés a la cabeza, seguido del bienestar de tu sistema digestivo, el equilibrio hormonal y de los neurotransmisores, el estado de tu microbiota… Lo que nos pasa es multifactorial y así debe ser abordado.
Cuidarte no es controlarte
Aprender a diferenciar el hambre física de la emocional no va de hacerlo perfecto, ni de dejar de comer “mal”. Va de empezar a relacionarte contigo desde otro lugar.
Con más atención. Con más respeto. Y con mucha menos exigencia.
Porque cuidarte no es controlarte. Es escucharte y atenderte desde ahí con amor y compasión.
Si te apetece profundizar más en este tema, en el documental en el que he participado hablamos precisamente de esto con más detalle. En él encontrarás a tres profesionales que aportamos nuestra visión desde tres ámbitos distintos. La parte fisiológica, la emocional y la espiritual. Este triple enfoque ofrece una panorámica amplia para poder mirar de frente algo que va mucho más allá de la comida, pero que muchas veces intentamos resolver desde ahí.
Si sientes curiosidad, te lo dejo aquí: Conexión Consciente | 1×01 | No tienes hambre: tienes un vacío
Cuéntame, ¿Cómo lo vives tú? Me encantará leerte. ♥