¿Por qué cada enero repetimos los mismos propósitos
y rara vez los cumplimos?
Ya hemos dado la bienvenida a enero, y como cada año, es el momento de plantearnos los propósitos de Año Nuevo.
Esos propósitos son esa lista de cosas, tareas, retos y metas que nos proponemos cumplir durante el año que comienza. En la mayoría de los casos, están relacionados con mejorar nuestra salud y bienestar, pero también pueden tener que ver con tu vida profesional, aprender algo nuevo o incorporar un nuevo hobby.
Propósitos habituales para el nuevo año
Entre los propósitos más comunes que solemos plantearnos al empezar un nuevo año, destacan los siguientes:
- Comer mejor: Adoptar una alimentación más saludable figura entre los principales objetivos para muchas personas. Prestar más atención a lo que comemos y buscar opciones que beneficien nuestro organismo.
- Ir al gimnasio: Hacer más ejercicio y apuntarse al gimnasio es una meta recurrente. El inicio del año se percibe como la oportunidad ideal para incorporar la actividad física a nuestra rutina.
- Tomarse más tiempo para una misma: Dedicar momentos al autocuidado y realizar actividades que nos relajen y nos hagan sentir bien es otro de los propósitos habituales.
- Ser más ordenada y no dejar las cosas para última hora: Organizarse mejor y evitar la procrastinación son retos que muchas personas se plantean con la intención de mejorar su eficiencia y reducir el estrés diario.
- Estudiar inglés: Aprender o perfeccionar un idioma, como el inglés, es una meta frecuente al comenzar el año, ya que supone una oportunidad de desarrollo personal y profesional.
- Ir andando al trabajo: Cambiar el medio de transporte por uno más saludable, es otro propósito orientado a mejorar la salud y el bienestar físico.
- Levantarse antes y no empezar el día corriendo: Madrugar y organizar mejor las mañanas para no empezar el día con prisas es también una de las metas más habituales, ya que contribuye a tener jornadas más tranquilas y productivas.
Las razones detrás del incumplimiento
Sin embargo, la mayor parte de las veces no los acabamos cumpliendo y esa lista vuelve a repetirse el año siguiente.
Y quiero decirte algo. No es por falta de ganas de cambiar, ni por falta de disciplina o de constancia. ¡Quítate esa culpa de encima, ya! En mi opinión, tiene más que ver con otras cosas.
Por un lado, la mayoría de las veces, afrontamos todos esos retos estando cansadas y con poca energía. Y esos propósitos bienintencionados, los vemos como otra exigencia que sumar a nuestros días. Si la energía no llega, no vamos a poder sostenerlo.
Por otro lado, intentamos introducir nuevos hábitos o rutinas sin un plan o estrategia claros.
- Si queremos “comer mejor” tendremos que definir qué quiere decir eso y por donde vamos a empezar.
- Si queremos hacer deporte, tendremos que marcarnos un objetivo concreto.
- Si decidimos poner más orden, habrá que darle espacio y tiempo para poder llevarlo a cabo…
Así con todo.
Cómo convertir los propósitos en objetivos alcanzables
Para poner la claridad y el foco necesario, necesitamos convertir esos propósitos etéreos en Objetivos SMART: específicos, medibles, alcanzables, realistas y con un periodo temporal definido.
Si queremos hacer deporte, deberemos pensar qué deporte queremos practicar, qué días de la semana vamos a ir, cuánto tiempo le vamos a dedicar… Ejemplo: Voy a ir a yoga los martes por la tarde de 18 a 19 horas.
Con ello no quiero decir que haya que planificar todo en nuestra vida. Qué cansado y aburrido sería estar siempre cumpliendo objetivos, controlando y midiendo… Perderíamos la flexibilidad, la espontaneidad y podríamos llegar a vivir en un entorno excesivamente rígido donde la autoexigencia y el perfeccionismo tomarían el control en nuestros días.
Además, deberemos darles la prioridad necesaria: Encontrar tiempo, espacio y energía para dedicarles.
Siguiendo con nuestro ejemplo, si hemos dicho que vamos a ir a yoga los martes por la tarde de 18 a 19 horas, debemos respetar ese momento pase lo que pase, que sea nuestra prioridad. De este modo, nos estaremos respetando a nosotras mismas y nuestro objetivo de estar más saludables.
El valor del apoyo externo
Por último, si tenemos a alguien que nos acompañe en el camino, nos servirá para mantener nuestro compromiso y que sea más fácil cumplir aquello que nos hayamos propuesto.
No hace falta que sea un profesional, aunque muchas veces también es necesario o puede ser la palanca definitiva que nos impulse.
Estoy pensando en tu pareja que cocine para los dos platos ricos y saludables, tus hijos que compartan tiempo de estudio contigo, una amiga con quien salir a caminar o ir al gimnasio, o un compañero de trabajo con quien definir una nueva estructura en vuestras tareas que os ayude a ser más productivos y con menos desgaste.
Ese apoyo, esa tribu te puede llevar muy lejos.
En resumen
- Marcar objetivos claros
- Darle prioridad: Buscando el tiempo, el espacio y la energía para dedicarle
- Tener apoyo cercano que te impulse y sostenga
- Alejar la culpa y el exceso de disciplina como única herramienta.
- Buscar ayuda profesional, en caso de que sea necesario.
Con todo ello, podrás acercarte a esa versión de ti, saludablemente imperfecta. Disfrutando del proceso y los pequeños avances sin caer en la autoexigencia extrema que nos resta bienestar en lugar de sumar salud.
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